Contratar un seguro de auto no se trata solo de elegir cobertura, sino de entender uno de sus elementos más determinantes: el deducible. Este concepto, muchas veces subestimado, es el que define cuánto deberá pagar el conductor en caso de un siniestro y, al mismo tiempo, cuánto costará la póliza.

En términos simples, el deducible es la cantidad que el asegurado cubre antes de que la aseguradora asuma el resto de los gastos. Aplica en situaciones como robo total o daños materiales por accidente, y suele calcularse como un porcentaje del valor del vehículo. A partir de ese punto, la aseguradora cubre lo establecido en el contrato.

Pero aquí está el punto clave: el deducible no solo impacta en un evento inesperado, sino desde el momento mismo de la contratación. Es uno de los factores que más incide en el precio del seguro.

En la práctica, el monto puede variar dependiendo de cómo se determine el valor del auto. Algunas pólizas toman como referencia el valor factura —el precio original del vehículo—, otras el valor comercial —es decir, lo que vale en el mercado al momento del siniestro—, y en ciertos casos se establece un valor convenido, previamente acordado entre el cliente y la aseguradora.

Un ejemplo sencillo lo ilustra: si un vehículo tiene un valor comercial de 200 mil pesos y el deducible es del 5%, el conductor deberá cubrir 10 mil pesos ante un siniestro. El resto corre a cargo de la aseguradora.

La decisión, sin embargo, va más allá del cálculo. Elegir un deducible bajo implica pagar una prima más alta, pero reduce el impacto económico en caso de accidente. Optar por un deducible alto, en cambio, disminuye el costo del seguro, aunque eleva el desembolso cuando ocurre un siniestro.

“El deducible influye directamente en el precio del seguro. Mientras más bajo es, más alta es la prima; y viceversa”, explica Pilar García, CEO de Rastreator.mx.

Por ello, la elección debe responder a un balance entre capacidad financiera, uso del vehículo y perfil de riesgo. No es lo mismo un auto de uso diario en ciudad que uno que se utiliza de forma ocasional, ni un conductor con historial de incidentes que uno con manejo preventivo.

Además, no todos los deducibles funcionan igual. Existen esquemas fijos —una cantidad determinada— y otros variables, que se calculan como porcentaje del valor del vehículo o del daño. Incluso la forma de pago puede variar: en pérdidas totales, el deducible se descuenta de la indemnización; en reparaciones, se paga directamente al taller o proveedor autorizado.

En un entorno donde los costos asociados al automóvil siguen en aumento, entender este componente se vuelve esencial para tomar decisiones financieras más informadas.

Hoy, más que nunca, comparar opciones no es un paso opcional, sino una herramienta clave. Plataformas digitales permiten visualizar en tiempo real cómo cambia el costo de una póliza según el deducible elegido, facilitando una elección alineada con las necesidades de cada conductor.

Porque en seguros, como en cualquier estrategia financiera, el detalle marca la diferencia.


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